Desde nuestro universo, sentimos la necesidad de crear un mundo distinto, mezclando lo insólito con lo real y ambientando nuestras fantasías con personajes e historias que muchas veces se mezclan desorganizadamente. ¿Cómo organizarlas?

Cuando sentimos la necesidad de emprender un camino hacia el encuentro de nuestro universo creador y la intuición o la necesidad nos lleva a la expresión, a la conjunción de nuestro pensamiento con el cuerpo, no dudemos que el camino es el teatro.

En un sólo día realizamos cientos de gestos considerados “teatrales”. La vida, habitualmente se expresa así. Es por ello que ésta actividad nos es tan familiar y mucha gente piensa que no necesita prepararse para realizarla.

Pero de lo que se trata, es de transformar esos “gestos teatrales de la vida” en “gestos teatrales artísticos” como algo primordial. Cuando tratamos de hacerlo, no permitimos que dichos gestos fluyan a través de nosotros, los imitamos, convirtiéndonos en repetidores y no en creadores, y es allí cuando nos damos cuenta lo difícil que es encontrar las sensaciones que deseamos sentir. Esto provoca tropiezos que nos dan como resultado insatisfacciones y desaliento, al aportar nuestras sensaciones al esfuerzo de mostrar.
No siempre interpretamos nuestro universo creador sin leyes, sino a través de ideas que provienen del exterior, de un compañero o de un dramaturgo, en las que debemos creer y “transmitirlas con la naturalidad con la que nos expresamos cotidianamente” y comienzan así a presentarse mayores inconvenientes.

Para lograr superarlos proponemos un método de trabajo, dinámico, moderno y práctico, desde el placer, la manera natural, para llegar a esas sensaciones que aparecen
espontáneamente, pero que no somos capaces de ir a buscar. Comenzaremos, suscitando estímulos, sin proponer impedimentos. A partir de un trabajo serio pero cordial que nos ayude a lograr lo que nos hemos propuesto, la imaginación será nuestra arma principal y tendremos en la concentración una de nuestras mejores herramientas.

Siempre sin perder el horizonte de la satisfacción y el placer de encontrarnos con rincones de nuestro interior que creíamos olvidados. Se nos propone liberar percepciones poco a poco, en la medida que lo requieran las circunstancias, y jugar con ilusiones que nos trasladen a situaciones nuevas para analizar cómo reaccionamos.

Sin respuestas absolutas, por lo que no nos lleva a responder, sino a imaginar, investigar y descubrir en nosotros mismos los caminos que nos conduzcan hacia la apertura y la comprensión y luego poder sacar nuestras propias conclusiones. Con la libertad de guardar para nosotros qué y cómo nos conmueve, como una herramienta propia y exclusiva de cada actor. Para ello es necesario un trabajo profundo, delicado y contínuo, en el que el tiempo es importante y en el que debemos trabajar con la concentración, disciplina y alegría que tal acontecimiento suscita.

El actor es su propio cuerpo. Desde esta premisa es que debemos tratar de conocerlo y reconocer sus posibilidades. El trabajo físico que desarrollamos, está pensado estrictamente para que él sea capaz de expresar sentimientos y sentir sensaciones, ampliar el crecimiento interior y el descubrimiento de posibilidades que no teníamos concientes.

El cuerpo expresa constantemente aquello que siente. No puede ocultar todo aquello que recibe. Aquello que pensamos lo dirá nuestro cuerpo sin hablar. Por eso los actores han de reconocer como actúa su cuerpo. Lo que proponemos es un conocimiento integral de nosotros ante los sentimientos.
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